Manual Instrucción Cósmica

Baskos, Íberos, Moros, Bereberes

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Procurando indagar si vascos é Íberos fueron hermanos y coetáneos de los primeros habitantes del Egipto, de la Libia, de las Antillas, y si fueron contemporáneos en Occidente de la vetustísima civilización de la Atlántida, admite el hundimiento o sumersión de esa isla, apoyado en los textos de autores antiguos y modernos.

 

 

 

 

 

Madrid, 14 de Abril de 1906.

RICARDO BELTRAN Y RÓZPIDE 

 

Una de las publicaciones últimamente recibidas en esta Real Academia es la parte II del tomo LXVI de la Revista trimensal do Instituto Histórico e Geographico brazileiro.

Corresponde el cuaderno al 2° semestre de 1905 y en él se insertan, con otros trabajos, las Actas de las sesiones del Instituto en 1903, en las cuales aparecen extractos de varios informes presentados por la Comisión de Historia.

Entre dichos informes, ha llamado especialmente mi atención el relativo a un libro del diputado portugués, Juan María Pereira de Lima.

 

VASCOS, IBEROS, MOROS, BEREBERES

Titúlase el libro del Sr. Pereira Iberos e Bascos, y es el primero de una serie de estudios sobre los antiguos pueblos que ocuparon la Península ibérica. Aun cuando según el eminente Alejandro Herculano—dice el informe a que me refiero—ninguna identidad nacional existe entre la sociedad portuguesa y algunas de las antiguas tribus que habitaron la Península antes de la Era cristiana, no deben, sin embargo, despreciarse las investigaciones críticas y científicas sobre los orígenes de todos los pueblos que en épocas remotas fijaron, su habitación en el punto del planeta en que luego se constituyeron las dos nacionalidades portuguesa y española.

El autor procura demostrar que iberos y vascos fueron los primitivos habitantes de la Península; que los protohistóricos de la Iberia, ó sea los iberos y vascos son una rama étnica de la raza turania, la cual precedió a las invasiones arias; que iberos y vascos fueron, por lo menos, coetaneos de los atlantes; que el estudio de la lengua vasca no sólo prueba sus afinidades con las lenguas de los grupos turo-ural y caucasico, sino también con el grupo japonés y con la lengua de los indígenas de la América del Norte, confirmandose, así, la gran dispersión de la raza turanía.

Al desenvolver su opinión, el Sr. Pereira de Lima acomete de frente problemas de etnografía general muy interesantes.

En la clasificación de razas y pueblos admitida por aquél, vemos a la raza paleoamericana dividida en rama americana septentrional subdividida en tres familias y rama americana meridional en las familia Andeana ó Andina, Pampeana y Guaraní.

Procurando indagar si vascos é Íberos fueron hermanos y coetáneos de los primeros habitantes del Egipto, de la Libia, de las Antillas, y si fueron contemporáneos en Occidente de la vetustísima civilización de la Atlántida, admite el hundimiento o sumersión de esa isla, apoyado en los textos de autores antiguos y modernos.

Probada, como quiere el autor, la realidad de la Atlántida, asunto que constituye las primeras páginas de todos cuantos han escrito sobre los descubrimientos de América, fácil tarea es explicar la población del Nuevo Mundo. Nada más dice el extracto del informe. Hay, pues, que deducir, no teniendo el libro a la vista, que, según el Sr. Pereira de Lima, una misma raza pobló en tiempos antiquísimos toda la zona nortropical que va desde el Japón y Asia oriental a las Antillas y parte sur de la América del Norte, pasando por la cuenca del Mediterráneo y por la Atlántida.

El libro del Sr. Pereira de Lima parece ser un trabajo más sobre los muchos que años ha se vienen haciendo acerca de la identidad ó analogía étnicas y filológicas entre primitivos pueblos españoles y africanos, y en general, entre los antiguos pobladores de toda aquella zona. Basta recordar, entre otros, los trabajos de Charencey, de Tubino y de nuestro doctísimo censor el Sr. Fernandez y Gonzalez (Los lenguajes hablados por los indígenas de América;  conferencias dadas en el Ateneo en 1892).

Incidentalmente, paréceme oportuno consignar que contra la afirmación de algunos autores (el Sr. Tubino entre ellos, si no recuerdo mal), de que es inútil empeñarse en buscar ahora analogías entre el vasco y los actuales idiomas de África, está el dato de un viajero moderno, el Sr. Abargues de Sostén, que afirma haber oído durante su expedición en Abisinia y países comarcanos 62 palabras gal-las que se pronuncian y significan lo mismo que en el idioma vascuence (i).

Con estos estudios é investigaciones, en lo que  concretamente se refiere a los primitivos habitantes de la Península española y del Norte de Africa, tiene relación un informe que el doctor Atgier presentó a la Sociedad Antropológica de París en las sesiones del 17 Diciembre 1903 y 4 Febrero 1904, y que se ha publicado en el Boletín de dicha Sociedad. Tratase en dicho informe del origen y significación diversa de las expresiones Moro, Ibero, Beréber.

La primitiva significación de la palabra moro es «negro,» Eran (1) Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, tomo xv, pag. 311- moros, negros, los habitantes del Norte de África anteriores a la invasión líbicobereber.

La palabra tomó después otras acepciones. Etnograficamente, son moros los sucesores, en la misma región, de esos pueblos negros, sea cual fuere su raza u origen bereberes, romanos, vándalos, bizantinos, árabes y negros. Desde el punto de vista histórico, moros son los musulmanes que invadieron a España y Francia en el siglo VIII. Tiene también la palabra significación religiosa; los pueblos musulmanes de África y de Asia, sea cual fuere su raza.

Griegos y romanos llamaron moros a los habitantes del Norte de África porque eran negros: en griego es obscuro ó negro.

Virgilio usa la palabra morus en sentido de «negro».

Nada importa que, como es muy posible, el vocablo derive del fenicio makurin ó maghrebin, esto es, los occidentales. Esos negros vivían al O. de Fenicia; eran, pues, occidentales respecto de los fenicios. Los makurin, manros ó motos eran negros, y griegos y romanos aplicaron su nombre a los objetos negros u obscuros. Llamaron los griegos al fruto del moral, y fue lo de Color obscuro.

Los bereberes, procedentes de Europa según Atgier, se establecieron después en África septentrional. Eran blancos, y al mezclarse los de una y otra raza resultó una población en la que había y aun predominaban los individuos de color moreno obscuro; a todos denominaron moros los romanos.

Si entre griegos y romanos moros equivalía a «negro», en la lengua de bereberes negro se decía y se dice berik. En varios dialectos de esas gentes el masculino plural se forma con el prefijo i; iberik, pues, significa «los negros,» En otros  dialectos se prescinde del prefijo, y berik es lo mismo en plural. Sí en este vocablo suprimimos la terminación ik, que adjetiva, así como ico en ibérico, y se dobla la radical ber -lo que es bastante común en los idiomas del Norte de África—obtendremos la voz berber.

Resulta, pues, que moro, ibero y beréber indican, no precisamente una misma raza, sino un mismo pueblo primitivamente negro, que se ha ido modificando por mezcla con otros que sucesivamente fueron invadiendo el país.

Advierte el Sr, Atgier que no pretende que los Íberos de España fuesen negros; cree que eran blancos, con cabello negro, y mas ó menos morena la piel, como lo fueron los mismos moros después de las invasiones. Heredaron, acaso, el nombre de los proto-iberos, mas ó menos negros por su mezcla ó fusión con los indígenas de África, y así siguieron llamándose en lo sucesivo.