Manual Instrucción Cósmica

Anécdota de una profecía: el crismón de Iacobus

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Una tarde de agosto de 1999, Carlos Galindo, investigador aficionado a los misterios, se detuvo junto a Mari Carmen, su pareja, frente al crismón de la iglesia de Santiago en Puente la Reina, uno de los primeros lugares de especial relevancia dentro del Camino de Santiago.

 

Crismón de la iglesia de Santiago de Puente la Reina, Navarra.


Ella le había preguntado por qué aquel crismón tenía el símbolo de Aries. Mientras él le explicaba que aquello no era sino la Omega propia de todo crismón, que junto al Alfa representan el principio y el fin, se empezó a dar cuenta de que Mari Carmen tenía razón. La Omega era más bien una representación invertida de Aries. Entonces se fijó en el Alfa, cuya peculiar grafía permitía asemejarla al símbolo de Saturno por arte de la inversión.

 
Emocionado con el juego, se aventuró a imaginar que la rho (P), que junto a la X representa el monograma de Cristo, se asemejaba, siguiendo la simbología astrológica recién descubierta, al signo de Plutón. Entonces, la S de la parte inferior, marca de la serpiente enroscada al árbol de la vida y símbolo de la sabiduría divina, no podía ser otra cosa que el Sol. De repente, se habían topado con la representación escondida de una cruz cósmica. Al invertir el crismón, Aries quedaba a la izquierda. A partir de ahí, siguiendo el zodiaco, a la derecha quedaba Libra, arriba Cáncer y abajo Capricornio. Usando un programa informático, al colocar a Saturno en Libra, al Sol en Cáncer y a Plutón en Capricornio, Carlos Galindo obtuvo una fecha en la que se producía tal cruz cósmica: 30 de junio de 2011.

 

crismon-invertido

Crismón de la iglesia de Santiago, invertido.

Los símbolos de los que se compone un crismón son anteriores al Cristianismo. Aparecen en distintas culturas y en todas vienen a tener significados equivalentes, pero con los matices propios de cada época. Se trata del reflejo de una antigua tradición mistérica que sirvió de base a todas las demás y cuyos significados ocultos se diluyeron en el fluir de los tiempos. Puente la Reina fue en su día centro de reunión de caballeros templarios, hasta el punto de que el testamento del rey Alfonso I les dejaba en herencia el Reino de Navarra, algo que luego fue considerado contrario a la ley. Que aparezcan significados esotéricos en una simple representación cristiana no es, por ello, ninguna desfachatez.
 
Y, hablando de desfachateces, a estas alturas del relato una duda debería haber asaltado a los más atentos. ¿Qué pinta el símbolo de Plutón en un crismón del siglo XIII si este planeta no se conoció hasta 1930? Bueno, sólo hay dos opciones. Uno, si nos atenemos a la Historia tal y como nos la han contado, nada tiene sentido en nombre de la sensatez. Dos, si nos atenemos a los innumerables enigmas que durante cientos de años han sido catalogados como curiosidades sin resolver, entonces es la Historia que nos han contado la que no tiene sentido. A este respecto, no hay lugar en este artículo sino para hacer referencia a una tablilla de arcilla de origen sumerio expuesta en el Museo de Oriente Próximo de Berlín, en la que supuestamente podrían estar representados no sólo los planetas que conocemos hoy, sino uno más, el famoso planeta X.
 
 
Crismón de Santa Cruz de la Serós, Huesca

El 30 de junio de 2011 se produce también la conjunción de Venus con el Sol y la Luna. Y aquí entra en juego otro crismón, el de la iglesia de Santa Cruz de Serós, en Huesca. En su parte inferior, la S es sustituida por una V desplazada a la derecha del eje central. Venus es la representación de la diosa, de lo sagrado femenino que el cristianismo hará desaparecer una vez establecido como religión oficial del Imperio. Sin embargo, ese símbolo primigéneo de la Gran Madre sobrevivirá oculto en la figura de la Virgen María, a la que tanta importancia se le ha dado siempre desde los grupos esotéricos conocedores de las antiguas tradiciones secretas. En el Apocalipsis de San Juan se dice:
 
Apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. La mujer estaba en cinta y gritaba por los dolores de parto, por el sufrimiento de dar a luz.
 
Por cierto, hay muchas personas que no saben que “apocalipsis” significa revelación, y no fin del mundo. Figurativamente se le da el significado de catástrofe, pero esto es porque así lo ha venido interpretando la iglesia oficial. Sin embargo, el último capítulo, el 22, habla de la superación definitiva, del triunfo del amor sobre la ira. Sólo quienes temen al cambio y la evolución por miedo a perder su poder tras la “liberación” pueden e insisten en hablar de un fin del mundo donde todo quedará devastado.

Para colmo, en un apócrifo del siglo I d. C., La Ascensión de Isaías, se habla de un período de 545 días en el que los opuestos se enfrentarán antes de la “elevación” final, período que coincide con el que va desde el momento en que se empieza a formar la cruz cósmica de junio de 2011 hasta diciembre de 2012.

¿Sabían los templarios de astrología? ¿Seguían los dictámenes de doctrinas esotéricas vinculadas a la rueda de ciclos por los que evolucionamos irremediablemente todos los seres del universo? Parece que sí, que dentro del cristianismo también nos topamos con las mismas señales en que también se fijaron los mayas en lo más profundo del Yucatán, los hopi en los desiertos de Norteamérica o los budistas aislados en las montañas más altas del planeta.

¿Qué demonios hay detrás de todo esto? ¿Una simple casualidad de proporciones cósmicas o, sencillamente, una verdad que nunca querremos aceptar porque desmonta todo lo que se nos ha inculcado durante milenios? En su libro, de lectura gratuita, Carlos Galindo desmenuza los mitos y analiza referencias bíblicas que nos remontan a ciertos arquetipos que han estado presentes en todas las civilizaciones. Haciendo un ejercicio de sincretismo, las conclusiones a las que llegan todos los que se introducen en el estudio de los misterios históricos se acaban resumiendo en los siguientes puntos:

1.- Somos espíritus inmortales en evolución.

2.- Dentro de los múltiples estados del Ser, nos encontramos ocupando un cuerpo físico en el planeta Tierra, a modo de vehículo de experiencia evolutiva.

3.- El objetivo es alcanzar el siguiente escalón mediante el despertar de la conciencia y conseguir crear sociedades armónicas. (Nueva edad dorada).

4.- La principal herramienta es el libre albedrío. (Causa – efecto)

5.- El sistema es la rueda de reencarnaciones sometida a la ley del Karma.


Creamos más o menos en estas ideas, nunca viene mal curarse en salud, así que… Feliz evolución. Por si las moscas.
 
Esto se ha interpretado como el planeta Venus, la mujer, envuelto por el Sol, pues éste aparece detrás durante la conjunción, y la Luna justo delante, a sus pies. Las doce estrellas serían las doce constelaciones por las que habrá transcurrido el ciclo del ser humano. En cuanto al parto, ¿el comienzo de una nueva era que empieza a ver la luz?