Meditación: Apertura del Portal 10.10.10

Capa 10 del ADN: Va-yik-ra (La llamada a la divinidad)

  

 

 

 

 

Por Soleika Llop

 

Relajación

 

–          Realiza tres respiraciones lentas y profundas, entrando el aire por la nariz y exhalando por la boca, llenando primero de aire tu abdomen y luego el tórax. Luego realiza 3 respiraciones provocando una retención de oxígeno, es decir entrando por la nariz, reteniendo el aire todo lo que puedas y luego lo sacas por la boca muy lentamente. Le das la orden a tu mente de rebajar la actividad eléctrica de sus ondas a 4 ciclos por segundo, de esta forma entrarás en un estado de profunda relajación.

–          Imagina que por encima de tu chakra 7, en la parte superior de tu cabeza, se está formando una espiral de luz azul índigo y ésta penetra en tu cabeza en forma de bolitas de luz. Al penetrar en tu cuerpo, esas bolitas estallan y lo llenan de energía azul, de tal manera que se crea a tu alrededor una hermosa burbuja de color azul.

Inducción

–          En ese estado de relajación en el que te encuentras, imaginas que te trasladas al Monte Saint Michel, te encuentras al pie de este Monte, imaginas que es todo hierba, sin construcciones, salvo un templo en la cima, dedicado al Arcángel Miguel.

–          Imaginas que empiezas a escalar el Monte, lentamente y a cada paso que das, te vas desprendiendo poco a poco de toda tu ropa, joyas, calzado, todo lo que llevas encima. Te desprendes asimismo de una capa de energía gris compuesta de tensiones y preocupaciones de la vida diaria.

–          Vas ascendiendo, subiendo, subiendo, tu cuerpo se queda completamente desnudo y cubres tu desnudez con un precioso manto blanco, tejido con hilos de luz. Alcanzas la cima del Monte, penetras en el templo.

–          Entras y te sitúas en una sala redonda con muchas ventanas por las que penetra el Sol a raudales. Las paredes y techos están cubiertos de amatistas incrustadas que despiden poderosos haces de luz de color violeta que penetran por tu cabeza, recorren todo tu cuerpo, impregnándolo de energía violeta transmutadora.

–          Invocas la presencia de unos maestros que te van a ayudar en esta meditación. Invocas a Jesús el Cristo, a la Madre María, al Arcángel Miguel, al Arcángel Metatrón, a los 72 Ángeles de la Cábala. Nos conectamos también con los cristales etéricos de los océanos y de todo el planeta, y con los grandes cetáceos, que son maestros de luz.

Sinergia grupal

–          (En caso de que la meditación se haga con un grupo) Imaginas que en el centro de la sala del Mont Saint Michel en la que te encuentras hay un inmenso diamante del tamaño de una cabeza humana. Imaginas que sacas un hilo dorado de tu corazón y lo enrollas alrededor del diamante, de esta forma unes tus energías a las de todas las personas del grupo.

Conexión

–          Imaginamos que creamos un domo cristalino, como un paraguas de cristales, su estructura es de oro. Ese domo o paraguas está formado por miles de esmeraldas verdes engarzadas en hilos de oro. Imaginamos pues ese paraguas de esmeraldas por encima del globo terráqueo, mantenemos esa visión durante unos segundos.

–          Ahora imaginamos que ese domo/paraguas de esmeraldas se reduce, se hace más pequeño y traslada al Bosc de la Roca (aquí cada persona que haga le meditación desde otros lugares pondrá el lugar desde donde realiza), ese lugar en el que nos encontramos y esa finca queda pues rodeada y envuelta en esos minerales.

–          Sentimos como vibra el núcleo de cada una de nuestras células con esta poderosa energía de la esmeralda.

–          Imaginamos ahora que nos trasladamos a una cueva de inmensos cristales (como la que sale en la película de Superman),  el techo de la cueva es cielo abierto, imaginamos que un potente rayo de luz baja desde el cielo, nos dejamos absorber por este rayo, que actúa como una aspiradora. Nos conduce a la octava dimensión de nuestro ser. Aterrizamos en Orión, y lo primero que vemos es un templo de sanación, un gran templo de cristal.

–          Penetramos en el templo, entramos en una sala en la que hay unas cabinas redondas con plataformas giratorias, hay cabinas individuales y las hay colectivas, que son muy grandes.

–          Imaginamos que nos introducimos todos juntos en una cabina colectiva con una plataforma giratoria que actuará a modo de centrífuga. Imaginamos que se pone en marcha y empieza a girar hacia la derecha, en sentido horario, gira rápido, muy rápido, cada vez más rápido, sentimos una fuerte aceleración en nuestros cuerpos, notamos cómo, bajo los efectos de la aceleración, se van desprendiendo de ellos partículas negras, como si fueran babosas, son tensiones, conflictos, emociones sombrías. Todo este material se va desprendiendo de nosotros a medida que vamos acelerando.

–          Sentimos cómo nos vamos aligerando y liberando energéticamente de cualquier peso, de cualquier tensión, de cualquier temor, de cualquier dolor

–          Imaginamos que aceleramos tanto nuestros cuerpos que acaban alcanzando velocidades supra lumínicas, hasta tal punto que estallan, se atomizan, transformándose en millones de pequeñas partículas que se esparcen en el ambiente. Notamos una sensación de libertad total, una increíble ligereza, nunca nos hemos sentido tan libres y tan ligeros, nuestro organismo está liberando grandes cantidades de endorfinas, las hormonas de la felicidad, las que eliminan el dolor. Estamos flotando en el espacio.

–           Imaginamos que potentes rayos de luz atraviesan nuestros espacios intermoleculares, los limpian aún más y los energetizan.

–          En ese estado ingrávido, nos sentimos totalmente fusionados con las demás personas del grupo, pero también con cualquier ser vivo. En ese estado no hay  dualidad, los opuestos se fusionan, no hay diferencias, no hay resistencias, por eso no hay dolor. En ese estado podemos acceder a cualquier punto del universo, nuestra energía es infinita y podemos conectar con otros módulos exobiológicos, con otros planos de conciencia.

–          Imaginamos que todas nuestras partículas, las que están ahora mismo flotando en el espacio, se juntan y toman la forma de una gran flecha de luz.

–          Imaginamos que aparece un arquero divino, que es la fuerza sagitariana de nuestra psique, el arquero tensa su arco, se concentra en una diana, formada por doce círculos concéntricos, es decir unos dentro de otros. En el centro de la diana vemos inscrito con cifras de fuego el número 10.

–          Imaginamos que el arquero dispara su flecha hacia el centro de la diana, donde está inscrito el nº 10. Con ello penetramos en ese nuevo Portal, en una nueva tierra, que el territorio de la edad de Oro, habitado por una nueva especie: el homo galácticus/angélicus. Nos fijamos en todos los detalles de ese lugar. Imaginamos que cada uno de nosotros recibe unas alas que se incorporan a los omoplatos. Nos sentimos tremendamente poderosos. Con estas alas, podemos desplazarnos donde queramos.

–          En este mágico lugar, pronunciamos en voz alta y potente 9 veces el nombre hebreo de la Capa 10 del ADN sutil: VA YIK RA, para provocar una fuerte vibración. Invocamos al Jefe de la Capa 10 de nuestro ADN sutil y en cuanto aparezca, le pedimos que nos diga cuál es nuestra verdadera vocación, qué es lo que nuestra alma está deseando que hagamos. Luego le pedimos que nos diga cómo podemos llevar a cabo esta tarea en nuestra vida cotidiana, cómo acoplar esta información a nuestra realidad en 3D.

–          Ahora imaginamos que el Sol se activa mucho y manda un rayo potentísimo al lugar en que nos encontramos, este rayo perfora la tierra y se abre una gran columna de luz, nos introducimos en esta columna y nos deslizamos por ella como si fuera un tobogán, aterrizamos en el Gran Sol Central. Ya que penetramos con nuestro cuerpo de luz, no necesitamos ninguna escafandra para protegernos de la alta vibración de este lugar.

–          Ahí decimos lo siguiente mentalmente: “Decreto la paz para Tierra y el despertar de los cíclopes, es decir de la grandeza de cada ser humano. Pido que la luz se haga presente en todos los corazones y que Cristo baje a la Tierra, a mi tierra humana, a mi realidad y active el núcleo del planeta. Pido la desactivación de todos los programas angélicos contrarios de mi carta astral durante al menos un mes.  Decreto que sustento una línea de flujo de los 144 templos de luz de la malla crística planetaria y pido la reunificación de todas las partes diseminadas de mi psique, y el  rescate de todas mis partículas aprisionadas en otras dimensiones, de maneras que todas se fundan en el yo crístico para que todos seamos 1. Pido asimismo que todos los seres de la oscuridad sean llevados al Sol central galáctico para que se transmuten sus energías en puro amor, de manera que se liberen y retornen a ocupar su puesto a la derecha del Padre. Imaginamos que una nube de energía oscura penetra en el Gran Sol Central, en el núcleo de la Tierra y queda completamente transmutada. Damos las gracias a esos seres de la oscuridad, que son sufridos trabajadores, por lo que nos han enseñado, y les decimos que a partir de ahora sólo queremos aprender a través del amor y de la armonía, nunca más a través del dolor.

–          Imaginamos que se produce una inmensa explosión de luz que sale del núcleo de la Tierra, baña todo el globo y sale disparada hacia toda la vía láctea y hacia otras galaxias para que todos nuestros hermanos del espacio se conecten con esa transmutación y con esa explosión de luz. Imaginamos que, en agradecimiento, nos mandan un festival de fuegos artificiales que salen de cada uno de los planetas, de cada una de las galaxias. Sentimos su alegría, sentimos su conexión con nosotros, ya que nos hemos transformado en seres galácticos. 

–          Para finalizar, conectamos con el Padre, con nuestro Yo divino y ahí cada persona vivirá su experiencia personal.

–          Nos despedimos de esa gran luz, prometiéndole volver a conectar con ella. Subimos por el tobogán de luz, le damos la orden a nuestras partículas de luz  de desacelerar, imaginamos que la plataforma gira hacia la izquierda, nuestros cuerpos se van densificando y formando de nuevo. Ya se han recompuesto totalmente. Desde allí nos trasladamos al Monte Saint Michel, recogemos el hilo que nos ligaba al diamante, salimos de aquella sala, salimos  del templo, bajamos  aquella montañita, a medida que vamos bajando nos vamos desprendiendo de la túnica de luz y recuperando nuestra ropa. Llegamos abajo, a tierra firme, estamos al pie del Mont Saint Michel, desde allí imaginamos que creamos unas raíces etéricas que parten desde nuestros pies hasta el centro de la Tierra, de esta manera nos anclamos. Ahora nos trasladamos al lugar en el que estamos realizando esta meditación, encontrándonos profundamente bien.