Manual Instrucción Cósmica

Del canto coral polifónico en el Mediterráneo arcaico o los abismos tenebrosos

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Lo cierto es que la gran batalla entre de un lado los ejércitos norteafricanos del gran Hércules y de otro lado los ejércitos ibero-peninsulares y europeos del gigante y monstruo-rey Gerión parece haber sido la gran epopeya y el gran asunto-clave de toda la Protohistoria mediterránea

 

 

 

 

Por Miguel Romero Esteo.

De su libro "Orígenes de Europa y Coro de Tinieblas". Capítulo 7.

Tampoco parece que a primer vistazo haya mucho que rascar en el Mediterráneo arcaico en cuanto al canto coral polifónico.

O que más bien a primer vistazo no hay nada. Pero tirando del hilo del canto coral a secas, pues acaso algo muy bien pudiera rastrearse. Por ejemplo, canto coral a unísono era el de las tropas de guerreros iberopeninsulares al entrar en masa al combate con su redonduelo escudo y su lanza. Y a veces también, y en el cuerpo a cuerpo, más bien no con lanzas ni espadas, sino que con las afiladas hoces de segar los trigos.

 

Está claro que el horno bélico de las peninsulares tropas de iberos guerreros -tenían fama de feroces, con o sin los iberobrakos algo frigios o tarrakos- no estaba en los tales momentos como para dulces coros poliofónicos.  Y no sé si acaso incluidos los algo imperiales Ibero-tartesios misteriosos en las ahora tierras de Andalucía, que lo de las guerras lo llevaban a base de tropas y ejércitos de mercenarios celtiberos, y con toda tranquilidad. La verdad es que los peninsulares  celtíberos -que según Estrabon tenían de antiguo nombre el de skytes-iberos, que habría que traducir como escita-iberos, pero que más bien escoto-Iberos, con la hispana Celtiberia como una olvidada e inicial Escocia, y así en las legendarias y proto-irlandesas historias gaelicas- pues lo cierto es que eran más bien bastante hoscos y foscos, y más bien no cantaban ni poco ni mucho, especialmente a la hora de lanzarse a la guerra y entrar en batalla.

Otras arcaicas gentes mediterráneas muy propensas al canto coral comunitario fueron los infamados griegos dorios, vinculados al gran Hércules -que luchó contra el tartesio y gigante rey Gerión ibero-peninsular y lo venció y le dio muerte según la legendaria historia que llega a los griegos, pero que en algunos historiadores romanos el asunto parece ir de precisamente lo contrario, el vencido y muerto fue precisamente el gran Hércules- y más específicamente vinculados con la isla de Cerdeña a Hilux, el hijo del gran Hércules. Y este, pues mitad más o menos mitologicamente europeo y proto-griego o algo así en cuanto que descendiente del gran Perseo, nombre que, lo dicho, parece encubrir un Iper-zeus o Iber-zeus, y que en las legendarias historias gaélicas asoma como un muy imperial rey Fenius Farsidt, con lo del Fenius parece que remitiendo a un más o menos panas o ispanos- pero también mitad era más o menos norteafricano. Y es por lo que los griegos jonios siempre un poco desafectos con respecto a los dorios, cuya terminal griega fueron Esparta y sus muy anti-jonios y anti-atenienses espartanos- decían que al gran Hércules si mirándolo por detrás pues se le veía un culo bastante negro. O sea, un renegrido culo muy africano. Claro que tampoco los jonios y atenienses estaban como para presumir que ellos pues nada de africanos. En el siglo V antes de Cristo, el gran historiador griego Herodoto -que va tranquilamente de muy etnohistoriador a la menor oportunidad- en alguno de sus libros subraya que muchas cosas etnográficamente muy griegas eran de hecho muy norteafricanas, que vale algo así como que decir que más o menos norteafricanamente bereberes.

Y con razón. Que al fin y al cabo en las legendarias historias de los bereberes norteafricanos, y hasta incluso tras la invasión islámica, el gran Hércules siguió siendo los orígenes, el gran padre bereber ancestral. Lógico si teniendo en cuenta que en la lengua bereber, en la que la palabra harka es tropa de guerreros, la no menos palabra aquelid remitiendo a un previo arkelid o cosa similar pues significa precisamente gran caudillo guerrero. Y de aquí, y al menor descuido se llega al nombre del terminal rey hispano-tartesio del Argantonio. No menos lógico que del nombre del gran Hércules, y que en su versión griega el gran Herakles o más bien el gran Alkides, con nombre que ya un más o menos aquelid practicamente, pues resultaron unas cuantas portuarias ciudades Heraklea en la ahora costa argelina. Y no sé si hasta incluso el nombre de Argel pudiera venir borrosamente de una gran Heraklea. Especialmente teniendo en cuenta que no lejos de Argel, al interior de las tierras argelinas, sobrevive arqueologicamente una inmensa ciudad de montículos dólmenes, casi unos treinta mil dólmenes a lo largo y ancho de una gran llanura. Y que más bien acaso una ciudad de los vivos porque demasiados dólmenes para una ciudad de los muertos. Por allí pudo muy bien estar la gran capital del gran Hércules y sus miles de guerreros heráklidas. Escribe criticamente Herodoto que hubo al menos dos Hércules, el norteafricano -el gran Hércules- y el más bien algo doméstico Hércules de los griegos y que nacido en la beocia Tebas. Sobre poco más o menos, el borroso hecho protohistórico que subyace a la legendaria historia del gran Hércules invadiendo con sus norteafricanos ejércitos la Península Ibérica, y luchando contra los no menos ejércitos del tartesio y monstruoso gigante-rey Gerión, pues hay que situado en tiempos previos al año dos mil antes del nacimiento de Cristo. O al menos así los mitólogos que rastrean en el tal asunto el más o menos borroso hecho histórico. O más bien protohistórico, claro está.

Bueno, y atando cabos, no habría que perder de vista que lo de aqueos con respecto a los proto-griegos micénicos, y su adalid Aquiles en la legendaria guerra de Troya, pues son nombres -o más bien apodos- que algo tienen que ver con lo del norteafricano  y bereber aquelid y al menor descuido. O algo así como que, y del mismo modo, y por ví de los frigios previamente brikes que más o menos tracios y tarrakos, pues algo tiene que ver el famoso gorro frigio -especie de ancho calcetín rojo, bien calzado a la cabeza y colgándole a un lado, y tan de moda en la burguesa y no menos famosa Revolución Francesa del siglo XVIII, como sabido es- con la catalana y pirenaica barretina. Los abismos del alma catalana son un pozo sin fondo. Los abismos del alma vasca son un trasfondo del pavor, especialmente si teniendo en cuenta que la lengua vasca parece entrar de sustrato en la lengua catalana -al fin y al cabo las catalanas tierras resultaron muy despobladas con la invasión árabe, y repobladas fueron con vascas gentes pirenaicas de procedencias varias y que, y como oscuro denominador común, nombráronse hispanos cuando por las catalanas tierras asomaron- y que, entre o no entre, pues todos aquí sin enteramos. O sea, que por allí llegando de hispanos las vascas gentes reciclaron lo de Hispania -o sea, España- como denominador común de los vascos, cuando ya mucho hacía que lo de hispanos e Hispania había desaparecido del mapa y estaba pues tranquilamente olvidado. Lo que parece apuntar hacia que lo de hispanos provenga de algún recoveco de la lengua vasca y que se nos ha ido quedando un poco a trasmano.

Los abismos del alma vasca, incluyendo lo de la dispersa y amplia toponimia vasca a todo lo ancho y alto del desierto del Sáhara, y como que residual o muy arcaica. O apuntando el asunto hacia unos orígenes africanos. Lo cual pues tampoco es nada de extrañar si tenemos en cuenta que hay sustrato de lengua vasca por adentro de las norteafricanas lenguas bereberes.

O que en las lenguas vascas hasta incluso hay, y al menor descuido, vocabularios de lenguas de las morenas gentes del sur subsahariano. Con lo cual pues volvemos al asunto del más o menos bastante bereber gran Hércules, con o sin los abismos metidos en el lote.

Y en fin, lo cierto es que la gran batalla entre de un lado los ejércitos norteafricanos del gran Hércules y de otro lado los ejércitos ibero-peninsulares y europeos del gigante y monstruo-rey Gerión parece haber sido la gran epopeya y el gran asunto-clave de toda la Protohistoria mediterránea -y que probablemente les dejó a los geriónidas las manos libres para irse navegando en sus característicamente tartesias naves-caballos más o menos naves-pegasos, y ocupar muy tranquilamente las egeas islas y tierras que tras llamarse Geriona terminaron luego llamándose Grecia o al menos así leído por mí en no recuerdo qué protohistoriador inglés. Y tampoco voy a ponerme ahora a buscar el libro en mi biblioteca, claro está.

Y para cerrar este panorama en torno a los corales cantos dorios solemnísimos -los igualitarios dorios se asambleaban en la plaza de su aldea o pequeña ciudad para allí cantar en plan de gran coro, y lo mismo así luego los no menos también muy  igualitaristas espartanos- pues el no menos asunto de que los dorios iban del muy navegante y caudillo dios Apolo y no del más bien jonio y cretense dios Zeus. En los egipcios -nos lo cuenta el gran Herodoto- el dios Apolo era el dios Horus.

Con lo que, y echándole arqueología lingüística al asunto, lo de Apolo acaso remite a un Holus, que más o menos el hijo o sobrino Hilux, o más bien Hylux, del gran Hércules. Y con Hilux la mediterráneo occidental isla de Cerdeña metida en el asunto. De la que ahora más bien se hace proceder a los dorios. Y olvidado está ya el asunto -no sé si para ideológicamente  huir de cualquier tufo africano- de que todos los griegos, y en general, eran montañesas gentes ganaderas de los montes Balkanes -la cordillera de al sur de Bulgaria- que un buen día se dejaron de tantas ganaderías y se bajaron a las costas y llanuras para posar de helenos navegantes. Ahora más bien parece que todos los griegos -jonios, dorios, eolios, macedonios-llegaron a Grecia desde el oeste mediterráneo, y con tufo africano. Y así el paisaje.

Lo interesante de Apolo -que en las arcaicas monedas asoma de mozo desnudo y con melena de largos bucles, y dos delfines a los pies- aparte de ser el dios de la música, no menos que con Apolo está vinculado lo de cantar los guerreros el gran himno pean antes de entrar en combate, es que en las legendarias historias era un oceánida llegado del extremo oeste mediterráneo, de los océano-atlánticos hiper-bóreas, con o sin la vasca palabra hiper para significar el Norte, pero si acaso con el nombre de Apolo muy bien pudiera remitir a un Aburo o Abulo al menor descuido. y largando hilo a un Abba- Vílix, o un Abis- Vílix, con o sin el legendario Ulises metido en el lote. Bueno, también oceánida fue -y algo después cronológicamente- la familia de la diosa y princesa Europa -Kílix, Agenor el padre, Cadmo el de las escrituras, y con o sin remitido al ibero-peninsular dios Cándamo, algo así como que el dios de las horticulturas y los regadíos- e incluida la diosa y princesa. En lo de oceánida, claro está.

Y el tal asunto del dios Apolo como oceánida, y que sobre todo el magno dios de la isla de Rodas y sus rodios dárdanos -lo mismo que también dárdanos los troyanos de la famosísima Troya que muy bien cantada en La Iliada por Homero- y nada menos que como dios del sol o más bien dios-sol, pues bien parece remitir hacia el no menos asunto que muy bien recoge en los antiguos tiempos un historiador romano. Y es el asunto de que el primer rey de los ibero-peninsulares tartesios fue el rey Sol, y que sobre poco más o menos y en remotos los tiempos reino imperialmente sobre casi toda la Península Ibérica, o cosa similar.

En fin, en su famoso y  clásico libro Tartessos el arqueólogo alemán Schulten recoge muy tranquilamente el asunto. Y en suma,  que en general tanto los proto-griegos como los griegos ya arcaicos y luego clásicos fueron más bien nada polifónicos.

Queda algo dudoso el asunto con respecto a los dorios por su borrosa relación con la isla de Cerdeña. Con o sin la particularidad de que acaso los darםas muy bien pudieran remitir al ibero-peninsular rio Theodoros -lo dicho, el rio Segura- pues a la menor oportunidad.